TRANSCRIPCIÓN DE MI REGISTRO EN CLASE.
Sesión grupal.
Veo manchas, como líquidos que se mueven con la música. Fluyen, cambian, se re-definen, abarcan todo el espacio negro que (no) veo. Me sorprende su fluidez, su falta de forma. Me sorprende porque siempre considere tener un pensamiento más lineal. Surge esta idea y aparecen líneas que dividen, limita, separa por color y contenido mis manchas.
Vuelvo al negro, se mueve con la música como un agujero que se contrae, va y viene. Siento la vibración de la música en los pies. La música se eleva, son gritos. Me angustian, me llevan a recuerdos latentes. Quiero que termine, no quiero pensar. Se termina. Angustia contenida.
Vuelvo a cerrar los ojos, siento la calma. Veo esos brazos contenedores que me esperan al volver, los añoro. Se libera la angustia. Siento las lágrimas que caen, que me recorren. Esos brazos que veo se van alternando, transformándose en aquellos que no me reciben más, quiero correrlos, volver a los que me confortan, pero aparecen y reaparecen. Me dejo abrazar.
Blanco, todo es blanco, suspendido. Me siento más en calma pero más consciente de mí misma, de mis lágrimas. Me cuesta concentrarme.
Vuelven las manchas y las líneas a la vez, batallan por el espacio en mi mente. Los líquidos ganan, superan los límites, el movimiento es rápido, abrupto.
Estoy en medio de una tormenta, vuelvo a sentir las vibraciones en los pies. Pienso en mis tormentas internas y esa voz deformada suena a mi misma, a algo contenido que no sabe cómo salir. Se ve tan chico pero abarca tanto a la vez. Pienso en mis dolencias, como la música me lleva a ellas, pero ¿me lleva o yo estoy buscándolas, las estoy convocando?
Me cuesta volver a mi mente, soy más consciente de mi alrededor. Vuelvo a ese lugar, pienso en la noche de snacks y “Orgullo y prejuicio”, entre risas y caricias. En los pequeños toques, las muecas de la persona que amo, sus ojos verdes que me devuelven una sonrisa. Confort. Paz.
A veces creo que no pienso, sino que sobre-pienso. Constantemente pensando hacia adelante, en lo que está por venir pero todavía falta tanto. O pensando hacia atrás, en lo que pasó (o no pasó) y ya no puedo solucionar.
Sesión individual
Que difícil dejar de pensar, dejar la mente quieta un segundo y volver a empezar. Pienso constantemente en lo que paso, en lo que está por pasar, pero creo que rara vez me permito pensar en aquello que está presente conmigo. Son pocos los instantes donde siento que me desconecto de todo lo que está demás y me quedo ahí con eso que es mi presente.
Este modo de pensar tiene que ver con mi identidad como diseñadora, siempre proyectando hacia adelante en eso que voy a producir, en quien lo va a ver, en cómo lo voy a hacer. Y, a pesar de que eso es un hacer presente, siempre es pensando en pos de un futuro. Es allí donde a veces pienso que hay fases del diseño que quiero explorar y que no me salen porque no puedo estar ahí presente para ello. Guionar requiere de un aquí y ahora y una reflexión del presente de la escritura de la que siento que carezco.
Me gustaría ser una diseñadora que va con la deriva, que deja las cosas ser y fluir, que es capaz de incorporar algo que se salió de lo planeado como un suceso positivo y no un obstáculo a eliminar. Me gustaría ser capaz de dar lugar a mi dolencia dentro de mi diseño, liberar ese sector de mi pensamiento y dejarlo ser, ayudarme a sanar en ese pensar y diseñar, en vez de reservarlo solo para espacios limitados como alguien me dijo alguna vez “mejor solo hablarlos ahí”.
Pienso para crear, para reinventar(me).
REFLEXIÓN FINAL
Siento que toda esta última semana estuvo marcada por tener que pensar y no querer hacerlo. Una semana como pocas, llena de responsabilidades, un parcial, un videoclip a filmar, un aniversario doloroso, tantas cosas que requerían de mi mente pero a las que no pude dar lugar como hubiera deseado. Algunas llenaron todo, otras fueron negadas desde el inicio a tomar algún tipo de lugar durante mi día. Pero todo me remite a este pensar, al lugar que ocupa el pensamiento y el debate interno en mi vida, en mi rutina, en mi ser como diseñadora.
El pensamiento es algo constante, condicionado, multiforme, que constantemente manipulamos en pos de lo que necesitamos en ese momento. Podemos tener muchas cosas en la mente, pero decidimos correr unas u otras para enfocar nuestro pensamiento de acuerdo a lo que necesitamos resolver primero, esto de algún modo es una manipulación del pensar ¿Pero qué tanto vamos a poder controlar siempre?
Creo que hay cosas que superan y pueden tomar al pensamiento y condicionarlo, cambiarlo, reenfocarlo. Como vivimos en la experiencia en clase, el ambiente, el silencio o la música condiciono en grandes medidas ese proceso de pensamiento que teníamos. En mi caso, para la parte grupal, busqué un lugar que me resultara cómodo, lejos del frío porque sabía que si me quedaba cerca del mismo solo podría pensar en el frío que tenía. Desde este inicio, un pensamiento, una presunción condiciono toda mi búsqueda de ese lugar para sentarme. Y luego con el inicio de la actividad y las preguntas disparadoras quería enfocarme en pensar en ello y escribir al respecto, pero en ningún momento de la actividad grupal pude hacerlo porque me sumí tan en mi pensar que me olvide de esas preguntas y comencé a escribir sobre mis sensaciones, las imágenes mentales que se me generaban a partir de la música que escuchaba. ¿Por qué siento como si hubiera fallado a la actividad por haberme dejado llevar por la deriva de mi pensamiento? Pude escribir todos mis pensamientos pero quizás en el momento hubiera preferido tener los materiales para pintarlo, ya que me parecía que era la representación que me estaba pidiendo mi pensamiento. Se generó en esos breves textos un recorrido emocional que para mi fue muy interesante, recuerdo pensar “hace cuanto no me permito estar en esta deriva”, con mis emociones en primer plano en vez de poner una barrera o llenar mi mente de expectativas con respecto a lo que los profesores o la actividad esperaba que hiciera.
Fue recién en la actividad individual, con mi propio silencio que mi pensamiento se orientó hacía lo que había sucedido y pude pensar sobre ello, sobre mi rol como diseñadora y como mi pensamiento condiciona eso. Siento que fui educada en una sociedad y en una carrera donde todo lo que importa es lo que se proyecta, lo que va hacia adelante, en fines, metas, objetivos claros, no tanto en procesos o búsquedas internas, del presente en el que vivimos. Y es la mayor falta que siento como diseñadora y persona, el no poder estar en el presente, no aprovechar en pensar solo en aquello que sucede frente a mis ojos por estar siempre preocupada y pensando en lo que está por venir. Esta constante proyección hacia adelante noto como es admirada por algunas personas que les cuesta organizarse por no poder pensar más allá del día que viven, cuando para mi resulta tortuoso preocuparme o estar pensando constantemente en cosas para las cuales faltan una semana, 15 días o incluso un mes. Pero ¿no son ambos extremos un poco negativos? ¿Cómo genero el balance entre lo que soy y lo que deseo ser? ¿Cómo explicar mi pensamiento cuando ni yo tengo un vínculo claro con el mismo? Esta cita quedó resonando en mí y mi pensar: “Soy testigo, soy el único testigo de mí mismo. De esa corteza de palabras, esas imperceptibles transformaciones de mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña parte de mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña parte de mi pensamiento que yo pretendo estaba ya formulada y que aborta, Soy el único juez capacitado para conocer su alcance” (El pesa-nervios, Artaud.)
Esa es la parte que más me interesa y me da curiosidad clase a clase de este espacio que nos brinda heurística, son horas que plenamente piden de nuestro yo presente, pensando, reflexionando en el conjunto y como individuos. Heurística es mi última materia de la carrera, pero quizás es la primera de una búsqueda de mi yo en el presente.
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