Al intentar recrear un estudiante universitario modélico, nos encontramos con reflexiones más profundas que simplemente una lluvia de ideas sueltas al azar. Somos inducidos a reflexionar acerca de nosotros mismos, de nuestras vivencias, de las vivencias de nuestros pares e incluso de expectativas y proyecciones completamente ajenas a la experiencia práctica. Reflexionar sobre sí mismo puede ser bastante difícil y doloroso. Como estamos hablando de nosotros mismos y a nadie le gusta parecer pedante y convencido, es más fácil enumerar aspectos negativos -- o no tan loables -- de ese estudiante modelo. Pero del mismo modo, a nadie le gusta tener que enfrentar los rasgos menos loables de su personalidad, y por eso imagino que la válvula de escape más frecuentemente utilizada durante la experiencia fue el humor. Cuando tratamos de hacer el modelo algo chistoso y satírico, nos alejamos de la culpa de traer con nosotros los mismos rasgos que ahora señalamos como indeseables.
Tratando directamente del modelo que creamos, Lucas, soy capaz de identificar una serie de características que compartimos. En realidad, creo que tenemos más similitudes que diferencias, tanto para el bien como para el mal. Nos diferenciamos en temas más puntuales, como el estilo de música que escuchamos, orientación sexual y detalles sobre nuestros gustos (a mi, por ejemplo, no podría importarme menos el fútbol). Sin embargo, la manera de tratar y externalizar nuestros gustos es muy similar. Creo que la sociedad contemporánea vive una crisis de creación de personajes. La narrativa neoliberal nos impone dos comandos: sobresalir y venderse. Y a partir de esa necesidad de empoderamento individual surge un culto a una marca personal. Todos quieren ser vistos de manera muy auténtica, ser reconocidos por la ropa que visten y por las canciones que escuchan, por la manera que se portan en público y por la actitud confiada y relajada que tienen ante la sociedad. Frecuentemente damos forma a nuestra apariencia y nuestros gustos teniendo en cuenta la imagen que transmitimos al mundo, mucho más que espontáneamente a partir de lo que de hecho nos gusta. A veces tengo que parar a reflexionar: ese gusto que tengo realmente es nativo e intuitivo de mí, o me fue impuesto inconscientemente a través de las tendencias y de lo que se entiende como admirable actualmente? (Si es que es posible que exista algo que parte completamente del individuo sin ser influenciado por su ambiente). Creo que no es posible.
Aunque tengamos una gran cantidad de características comunes, hay cosas en que nos distinguimos fuertemente. La principal diferencia que tenemos, y que para mí es un rasgo de personalidad que rechazo vehementemente, es el de ser tibio, en especial a los temas de política. Vengo de una tradición de enseñanza pública en Brasil que está muy ligada a la concientización política. En especial dentro del campo de arquitectura y urbanismo, que está íntimamente ligado a las políticas públicas, al derecho a la ciudad y a la cuestión de la vivienda. A lo largo de mi proceso de formación como arquitecto fue casi imposible permanecer indiferente a la cuestión política, y tomar una posición, al menos dentro de los campos que he mencionado anteriormente, es casi imperativo. Y de hecho creo que debe ser así, no creo correcto un arquitecto que intervenga en el espacio y en la ciudad sin estar consciente de los agentes políticos que operan detrás de las escenas de todo lo que produce. No es que todo arquitecto tenga que ser militante activo de algún partido político, pero mantenerse indiferente tampoco lo considero válido.
Tratando de pensar un poco acerca del origen de cada uno de estos rasgos — si fueron elegidos, heredados, cuestionados, rechazados, advertidos o ignorados — llegamos a un campo de debate sociológico bastante complejo. No sé si hay mucho espacio para elegir dentro de la formación de la personalidad. Creo que sí podemos elegir mantener o intentar cortar hábitos a través del cuestionamiento, pero el orígen de todo supongo que sea externo. Hay muchas cosas que son heredadas de nuestra tradición familiar, como en el caso de Lucas probablemente el gusto por el fútbol o incluso la opción por estudiar arquitectura, y esas son influencias externas que identificamos con más facilidad, porque son explícitamente heredadas. Pero cuando llegamos a rasgos de personalidad más específicos de su generación o aún de su carrera, nada es tan negro y blanco. Hablando de carrera por ejemplo, el hecho de que le gusta Le Corbusier y Alejandro Aravena mientras odia a Calatrava y Bjarke Ingels probablemente fue algo enseñado. Si preguntamos a cualquier persona antes de pasar por la carrera de arquitectura que opina de una habitación proyectada por Le Corbusier y de un puente proyectado por Calatrava, yo afirmo con seguridad que las respuestas serán muy diferentes de las de alguien que pasó por la carrera. Creo que eso no es algo específico de Arquitectura, sino que en todos campos del conocimiento sempre habrá diferencias entre lo que opinan los laicos y lo que opinan los expertos. Y creo que es natural también, no hay porque esperar que alguien que estuvo 5 años estudiando un tema no haya cambiado su opinion a comparación de cuando estaba por empezar sus estudios.
Para mencionar dos casos que me hicieron reflexionar acerca de esa temática, yo menciono dos momentos de mi acercamiento a la FADU. En primer lugar, cuando entré en el edificio por primera vez y empecé a notar las cosas que veía a mi alrededor: carteles, fotos de proyectos hechos por los alumnos, materias de periódicos enmarcadas en las paredes... todo muy similar con los referentes que tenía en mi universidad en Brasil. De hecho, muchos de los proyectos históricos enmarcados son los proyectos exactos de arquitectura modernista brasileña que he estado estudiando durante todos los últimos años. Más que eso, las intervenciones hechas por les alumnes también tienen mas o menos los mismos contenidos (misma posición política, los mismos chistes...).Y en un segundo momento, durante la dinámica de la clase pasada. Cuando creamos nuestro personaje, fui haciendo constantes comparaciones con mi experiencia en la Universidad de Brasilia, y por ahí empecé a reconocer muchas de las similitudes de enseñanza y de comportamiento que tienen los estudiantes de la FADU con la enseñanza y el comportamiento de los estudiantes de la FAU UnB. A partir de esa comparación, me di cuenta de que las muchas cosas que se repiten aquí y allá son, en realidad, mucho más frutos de un condicionamiento externo común que una coincidencia increíble que se repita en dos lugares a más de 2300 km de distancia.
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