Producción Individual | Clase 8 - Evaluación | Lorena Peralta

Para comenzar a reflexionar sobre lo que fueron estas dos clases de este bloque me gustaría empezar por una frase de mis apuntes de la clase 6 que luego encontré la cita en uno de los textos de Gaston Breyer, donde decían que un problema inicia cuando se desarrolla  la “conciencia de un individuo de que una situación concreta de la vida no puede proseguirse y que requiere su intervención consciente y voluntaria para un cambio o adecuación.” (Gastón Breyer, La escena presente). Recuerdo que el inicio de la clase con esa frase me hizo pensar en cómo los problemas realmente no existen por sí mismos, somos nosotros como sujetos los que les damos una entidad como problema al reconocerlos, al hacernos conscientes de que algo en ello qué ocurre necesita un cambio. Creo que fue este puntapié el que me llevó a la búsqueda de ese primer problema detonante propio, referido a las cargas internas y aquellas trabas que noto en mi crecimiento como persona por las situaciones que viví o mis experiencias familiares y cómo al ser consciente hoy en día de cómo eso afecta mis vínculos lo veo como problemático y que necesita un cambio, un cambio que no solo me implica a mi y a mi sujeto interno sino también a aquellos que me rodean y que tipo de vínculo deseo tener con ellos. 

Por otro lado, esta primera frase también me remitió a mi propio hacer como diseñadora, a mi carrera, ya que la base de cualquier guión, de cualquier historia, es un problema: El protagonista se enfrenta a una circunstancia o alguien que lo obliga a tomar conciencia de algo que no está bien, le hace dar cuenta de una situación que es insostenible y donde debe hacer un recorrido hacia ese cambio, la historia solo es posible si ese sujeto protagonista toma la decisión de iniciar ese viaje, hacia ese cambio. ¿Existe un problema que encuentre al sujeto y no viceversa? Sin sujeto que accione no hay acción, no hay avance, no hay problemas ni soluciones posibles, a los problemas hay que componerlos, construirlos, darle entidad a través de distintas formas, desgregandolo, tomando decisiones, experimentando, reflexionando.

Y aquí es donde entra la segunda clase de este bloque, la toma de posición. Ante los problemas, los objetos, cualquier circunstancia, uno debe posicionarse, porque incluso cuando creemos que no lo estamos haciendo hay una posición ahí que se manifiesta. El posicionamiento debe ser consciente, voluntario, por lo que puede relacionarse con el estar situado, el estar presente en el tiempo y espacio en el que algo acontece, no ser indiferente a ello sino poder ser críticos, reflexivos con nosotros mismos y el entorno. Para darnos cuenta de esto realizamos el manifiesto sobre el problema que veníamos tratando, recuerdo sentirme incómoda en un principio por no saber abordarlo, pero a medida que comenzamos a profundizar sobre nuestro problema, a debatir qué posición queremos tomar con respecto al mismo, a notar como nos movilizaba esa discusión. Pensé que como ejercicio era muy interesante, era la forma más evidente y clara de hacernos tomar una posición consciente, sabiendo que todo aquello que escribiéramos tendría que ser fiel a nuestra convicción. También me resultó interesante pensar cómo estas convicciones, estas máximas sobre los problemas, no tienen una única forma de manifestarse al escribirlas en el manifiesto, así como en algunos grupos salio como un decreto, en otro salió como un manual de pasos a seguir, o en otros como una cadena de actos donde a través de ejemplos de acontecimientos concretos se dio cuenta de aquello que el grupo quería expresar. Cómo último me quedan algunos interrogantes: ¿Hay formas más precisas de tomar posición que otras? ¿Mi toma de posición es conflictiva con otros? ¿Qué puedo aprender de ese conflicto? ¿Qué me depara en este proceso heurístico?

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