Las ideas traídas por ese bloque me han tocado de una forma bastante profunda, trayendo reflexiones que vengo aplicando en muchos aspectos de mi vida cotidiana. Nuestra vida — y especialmente el proceso de diseño — es una constante resolución de problemas. Todas las pequeñas decisiones que tomamos a lo largo de un día son, en mayor o menor escala, la resolución de un problema. Entender los problemas como la necesidad de una intervención voluntaria y consciente cambió mucho la manera que miro las inquietudes que aparecen en mi vida. Al final, si no hay necesidad de cambio no hay por qué ser un problema, ¿no?
Pero el bloque no trata simplemente de cualquier problema — como las pequeñas decisiones que tomamos en el día a día — sino de los problemas mayores, de las grandes cuestiones: los problemas detonantes. Pero ¿qué sería un problema detonante? Para mi pienso los problemas detonantes como problemas que trascienden la vida íntima, que afectan la colectividad, que suscitan cuestiones, dudas, necesidades de cambio. Para los problemas menores, la resolución muchas veces puede ser la aceptación consciente, la renuncia de la búsqueda por una solución; pero para los problemas detonantes creo que si o si hay la necesidad de cambiar la situación, urge una respuesta.
Para estructurar nuestro análisis de un problema detonante, es importante comprender la organización del diagrama sujeto—objeto—marco valorativo—contexto. Durante las clases teóricas, nos fue presentado un diagrama que ordena estos elementos. Sin embargo, para mi pareció más fácil comprender estos elementos a partir de un otro diagrama, que pone el marco valorativo como una cosa más vinculada al sujeto (como el lugar de habla, los diferentes puntos de vista, las diferentes posiciones), y el contexto como una cosa más vinculada al objeto (y que, desde diferentes marcos valorativos, observamos un mismo objeto en su contexto).
Para comprender el problema también nos fue presentada la idea del módulo de sentido (nombre, pregunta detonante, afirmación y esquemas gráficos) de los problemas. Muchas veces cuando estamos frente a un problema nos ponemos muy abrumados, nuestros pensamientos entran en un ritmo muy desordenado, y en estas situaciones es muy útil tener la herramienta del módulo de sentido para poder de hecho organizar el problema, sintetizarlo, y por ende encontrar la mejor manera de resolverlo.
Creo que la mayor lección de ese bloque es la necesidad de colocarnos como protagonistas y agentes de los cambios que queremos ver en el mundo. Entender que si reconocemos un problema, tenemos que también reconocer la necesidad de cambiar la realidad. Pero también pienso, por un sesgo un poco más empático por así decirlo, que es importante reconocer que no es posible abrazar el mundo, que no tenemos tiempo ni salud (mental y física) para luchar todas las luchas que se nos presentan. Lo que me concentro ahora es pensar en ¿cómo saber qué luchas valen la pena? ¿Cómo identificar los límites de nuestra actuación?
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